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La contradicción de los juegos oraculares

Los juegos usados con fines oraculares

No puedes encontrar la verdad con la Lógica si no la has encontrado ya sin ella.
G.K. Chesterton

Recurrir a un juego con propósitos oraculares comporta en sí mismo una contradicción como bien lo remarca Roger Caillois en la introducción del libro de Oswald Wirth sobre el Tarot. Todo juego, particularmente los juegos adivinatorios (1), es un conjunto finito de elementos y de operaciones definidas de antemano del que nada puede extraerse ni adicionarse sin falsearlo o modificarlo esencialmente. El juego es un conjunto de datos fijos y completos, es decir, un conjunto de premisas al que se le pide una conjetura verdadera que resultará de una multiplicidad infinita de posibilidades.

ApuleyoPero en tales condiciones lógicas, no cabe pretender ni esperar una conjetura verdadera por el simple hecho que derive de tales premisas por muy prestigiosas que éstas sean. Por el contrario, de ellas siempre podrán derivarse conjeturas posibles pero inciertas (indecidibles), como lo demuestran los matemáticos para todo conjunto que sea naturalmente numerable (2). Tal es el grado de verdad lógica que tiene toda adivinación surgida de un juego. Siempre habrá esa incoherencia inherente al resultado adivinatorio de todo juego usado con fines oraculares, porque ningún juego puede constituirse como modelo lógico del mundo.

En realidad, toda adivinación comporta una inmensidad de posibilidades imprevisibles. Si el acto adivinatorio compone conjeturas hábilmente con esa inmensidad, sólo puede hacer de ella una inmensidad de posibilidades previsibles, pero sin resolver el problema de la certeza. Así, todos los oráculos que comprenden esa inmensidad (como por ejemplo, las volutas de humo del incienso, la borra del café, los reflejos en una bola de cristal, el vuelo de las aves, etc.) donde todo es aleatorio y nada es exactamente repetitivo, tampoco pueden garantizar su certeza por el bies de la lógica, sino que también la deben buscar en otro modelo.

Las coincidencias significativas y el arte adivinatorio

Si la adivinación mediante un juego (Tarot, Runas, I Ching) aporta conjeturas inciertas o improbables, entonces de él se puede esperar todo,  pero también cualquier cosa. ¿Por qué insistir entonces en el juego como un útil para el “arte adivinatorio”? Más que eso, ¿tiene sentido hablar de un “arte adivinatorio”? Con una comprensión que no se reduzca sólo al modelo impuesto por el juego, se puede constatar que las conjeturas también pueden surgir de ciertas coincidencias simbólicas originadas en el juego, pero que exigen el recurso de un artificio (3) para ser descubiertas en tanto que coincidencias y también para atribuirles el valor de un significado. Es lo que nosotros entendemos como “coincidencias significativas”. En ellas se destacan ciertos caracteres esenciales, entre ellos la a-temporalidad, la a-causalidad y la semejanza, que las hacen jamás idénticas ni superponibles, pero que consolidan su significado simbólico.

Teniendo en cuenta esos caracteres esenciales, ese significado puede asumir el rol de una conjetura. La probabilidad de certeza de esa conjetura depende de la habilidad que tenga el lector del oráculo para descubrirla, interpretarla y ponerla de manifiesto. A esa habilidad es lo que llamamos “arte adivinatorio”. 

La fenomenología de las coincidencias en el juego del Tarot, por ejemplo, solamente puede ser descripta como recurrencia simbólica. Pueden darse ejemplos apelando a paradojas, porque mecánicamente es el mismo fenómeno. Así como en la lógica la recurrencia fundamenta el razonamiento de una inferencia (válido en principio para los números naturales), en la fenomenología de la coincidencia, la recurrencia provee un fundamento psíquico.

El augurio es una conjetura y la capacidad de conjeturar lo cierto es fundamental en todo oráculo que se precie como tal. La conjetura a través del juego tampoco puede eludir esa exigencia. Es distinto recurrir al juego como soporte adivinatorio que recurrir a la “videncia pura” cuyo soporte responde a otro tipo de leyes materiales y psíquicas, que solo pueden ser comprendidas en el terreno de la psicología o de la parapsicología. Un caso especial es el de la Astrología, que cabalga simultáneamente sobre un pegaso y sobre el asno de Apuleyo, es decir, entre lo infinito y lo finito.

1. Nos referimos a los juegos oraculares más famosos, como las cartas del Tarot, las piedras rúnicas o las tres monedas del I Ching.
2. Ese es el tema de los teoremas de incompletitud de Kurt Gödel, de la paradoja del barbero de Bertrand Russell, de la biblioteca total de Jorge Luis Borges, etc.
3. Un artificio es una especie de “implante psíquico”, un aporte del inconsciente colectivo con el fin de asegurar y preservar la coherencia del mental. (La noción de “implante psíquico” está desarrollada por  Phillipe Guillemant autor de la teoría de la doble causalidad).